martes, 11 de agosto de 2009

EL OCASO DE LOS ÍDOLOS: CRÍTICA A LA IDEALIZACIÓN HISTÓRICA


Hace un poco más de un siglo Nietzsche derriba las estatuas perennes de la conciencia social, las que representaban a aquellos ídolos que desde la infancia se habían convertido en los fantasmas de una historia respetable pero nunca divinizable. Se propuso, en un esfuerzo más pasional que enteramente racional, liberar, partiendo por la suya, las mentes de los discursos de quienes pretendían entronizar a los ídolos de un pasado a veces tan espúreo como el presente, a los ídolos sumergidos en problemáticas y vicios tan domésticos como los de cualquier hijo de vecino.

En esa pretensión esbozada en su obra “El Ocaso de los Ídolos”, una de las primeras de su tan genial y a veces tan contradictoria literatura, el filósofo alemán nos insta a abandonar, desde una perspectiva amplísima, el camino discursivo tanto de los propios héroes de la historia como de los escritores serviles que vierten su existencia en páginas llenas de adoración y culto por personajes casi novelescos, por seres que en su intimidad pertenecían al patriotismo del vulgo y que, ya sea por méritos propios o por culpa del acaso, se encontraron en el tiempo y el lugar precisos para hacer historia y transformarse en los actores ideales de aquellos buenos dramaturgos que confundimos regularmente con historiadores. Y es que muchos de ellos, convertidos en interpretadores oficiales al servicio de un régimen de turno o de una confesión determinada, han levantado por sobre las verdaderas causas de los fenómenos, por sobre los grandes procesos y actores anónimos, a figuras particulares, a héroes respecto de los cuales, supuestamente, debemos sentir agradecimiento por lo magnánimo de su hacer en un momento determinado.

Aclaro que no se trata de desvirtuar a priori el aporte de muchos de esos personajes. Me limito a denunciar el arbitrario uso que de sus nombres se hace para construir imágenes colectivas de una historia gloriosa, comparativamente superior a otras, y el velado interés por crear ejemplos de conducta, visiones patrióticas unívocas y tradicionales, en fin, para hacer de la historia una gran novela sólo susceptible de ser aprehendida por los súbditos, sin posibilidad de cuestionamientos.

En este sentido, la visión crítica de la historia ha sido un mal celosamente combatido por quienes vieron y ven en ella un factor de cohesión social más que efectivo, pues el ensalzamiento de héroes con características y orígenes casi divinos ha sido un recurso al cual han echado mano aquellos historiadores insulsos que se han aprovechado de la tierna infancia para comenzar desde ahí su adoctrinamiento. Así, un Francisco Frías Valenzuela, un Gonzalo Vial, un Sergio Villalobos, un Gonzalo Rojas y muchos otros historiadores oficiales, de historias oficiales, de discursos oficiales y hasta de mentes oficiales nos han mostrado a un Prat, a un O`Higgins y a un Portales como imprescindibles y patrióticas figuras históricas, a quienes no tenemos más que rendir culto y respeto. En ellos está la patria y eso es sagrado.

Lo cierto es que muchos de esos próceres son hijos de circunstancias ajenas a su voluntad; muchos de ellos actuaron para proteger sus intereses y granjerías; muchos, en fin, llegaron a cosechar los frutos sembrados por otros. Los historiadores oficiales nos enseñan sus vida desde su niñez; nos muestran una existencia sin mácula alguna, una verdadera luz para nuestras vidas. Por otra parte, la potestad se encarga de dedicarles feriados y actos conmemorativos. Así, con buenos novelistas, con un poder fuerte y con mentes acríticas se construye la tradición y la patria. El resto pareciere no importar: los grandes procesos sociales, las matanzas decretadas desde los escritorios de la autoridad, los grandes movimientos artísticos o las grandes estructuras de poder. Claro, introducir eso en las mentes de los infantes educandos es factor de inestabilidades no deseadas y de visiones críticas que emanadas del bajo pueblo pueden ser lo bastante peligrosas como para socavar la tradición. Es preferible, por lo tanto, la poco realista idealización de la historia y de sus personajes.

De esta manera, vemos cómo la historia ha sido un efectivo instrumento de control social. Vemos también que para ello la elite se ha servido del Estado y de académicos dispuestos a construir ídolos paradigmáticos. También vemos esto a nivel micro, en cultos, sectores políticos e instituciones; todos dispuestos a generar sus propias figuras inmaculadas para conseguir la cohesión de sus miembros. En lo que a mí respecta, esto es mera idealización histórica, mera retórica. Para mí los ídolos de la historia han llegado a su ocaso para no volver jamás.

F:S:D

3 comentarios:

Marcelo TM dijo...

Después de leer este artículo, se me vino un nombre a la mente: Barack Obama. Ahí tenemos un claro ejemplo de la creación de un ídolo. Lo que más soprende en este caso, es que es en vida.
Es verdad que vemos a nuestros próceres como superhéroes más que como agentes de la historia como síntoma de algo tan inherente al ser humano, como la necesidad de tener ídolos. Algo que está reconocido en los estudios psicológicos actuales, cuyo exceso sería patológico (como los fans histéricos).
Lo que si está claro que cualquier ente de la historia si fue bueno, después de muerto es mejor y si fue malo, después de muerto es peor.

bobafett dijo...

Nunca fue bueno idolatrar , la idea es crear nuestro arquetipo propio , y tampoco es bueno pretender que los demás nos sigan .

Muy buen ejemplo el de Obama

Erzsebet dijo...

Uno de los puntos que considero muy importante en este texto, es cuando el autor habla sobre el sentido que se le da a la escritura, creo que muchos escritores sin ser historiadores, reflejan lo que esta pasando en esa epoca, por lo que no es malo que sea un referente social, pero no asi historico, ni menos efectivo, ya que las interpretaciones nunca son las mas adecuadas, sobre todo si se analizas sucesos historicos que no han sido vividos por la persona que da el referente, esto siempre lleva a error.

Seria importante que los historiadores sean mas objetivos y no idealicen tanto a solo meros personajes que fueron parte de las circunstnacias y que si ellos a lo mejor estariamos viviendo en otra realidad